domingo, 27 de mayo de 2012

Dos años, Triana, (que parecen tres...)

Siempre digo que cada vez que el grupo Triana asoma a mi vida, suele cambiarla. No me equivoco, siempre ocurre así. Precisamente una de esas veces de las que el próximo día 30 de mayo hará dos años, me ocurrió. Nos pusimos cara aquellos que a través de un foro de internet, sentíamos y compartíamos el rock andaluz como aquellos que lo sienten correr por las venas en todas sus variedades, desde Alameda a Cai, Imán, Iceberg o Guadalquivir, Triana, Mezquita o Smash. Ese 30 de mayo fue, para nosotros, inolvidable. Habíamos recogido firmas para que Sevilla le reconociese el mérito a los tres culpables de darle a la música de aquellos años un giro de 180º y clavarnos en el corazón el rock de la calle Feria. Su ciudad le reconocía el mérito reflejado en la medalla de la ciudad que Monteseirín le concedió con los acordes de fondo de los compases trianeros que Zagüan desde el Casino de la Exposición, nos ofrecía, sacándonos las lágrimas y poniéndonos la piel de gallina.
Nos conocíamos por nuestros nicks en el anonimato de un foro y  ahora, tres años después, somos amigos de carne y hueso, con nombres, teléfonos, apellidos, familias, problemas, satisfacciones, danzas, estudios y colores futboleros diferentes, pero amigos, con los que de vez en cuando suelo desconectar en las fabulosas quedadas hidea, como el nombre de la asociación que formamos. Nos reímos, charlamos, compartimos las cosas que nos pasan en la vida y de paso, volvemos juntos a recordar la grandeza del rock andaluz  y del grupo que a todos nos puso en conexión. Siempre se nos hacen cortas. Particularmente lo paso genial con ellos, siempre, y eso es por la afinidad con personas que son tan similares a ti en lo esencial; Sevilla y su banda sonora.
En su compañía todo se hace más fácil. Ahora nos esperan dos retos, obligarle al nuevo alcalde a cumplir la promesa incumplida; la concesión de la calle "Grupo Triana" que se nos prometió desde la nueva alcaldía, y  el de solicitar en San Telmo la medalla de Andalucía, pero con ellos todo es posible. A Triana, que tanto sabe de mi misma, tengo que agradecerle su música y el haberme topado con Laura, alguien especial, para la danza y para la música que alberga una gran personalidad, basculante y alamedosa... con mucha guasa;  Mariano, un poeta, un sevillano sensible y un excelente conversador, Manolo, un gran rival en lo futbolero, una persona inteligente, un sabio del rock andaluz y el mejor presidente de la asociación y José Antonio, un pedazo de pan aspirante a abogado y una de las mejores personas con las que me he topado en mi vida, alguien especial. A todos les debo el sentido a la frase de aquella canción de Triana que decía... "Nos reunímos allí y todo comenzó a surgir como un sueño..."
Y yo estoy encantada de formar parte de ese sueño en vuestra compañía.


sábado, 12 de mayo de 2012

Veinte años no es nada



Saliendo de su asombro estaba mientras me contaba lo que le acababa de pasar, y yo escuchándola, me acordaba de aquella canción de Triana que se llama "Corre" y que a nadie le gustaba porque se la consideraba nada propia del estilo trianero, y que aunque tengan toda la razón, a mí me gustaba. Quien la conozca sabrá de sobra, valga la redundancia, de lo que hablaré a continuación. Hacía más de veinte años de esa primera vez que le vio, y aunque le gustó desde el primer momento, supo que él jamás se fijaría en ella, principalmente porque en ella nadie se fijaba. Ese día había llovido, y siempre le recordó con un chubasquero "Karhu" rosa y azul tan de moda en esa época y que formaba parte de su piel,ya que siempre lo llevaba, su ligeramente cruel ironía y esa sonrisa inolvidable que le hacía atractivo pese a no serlo en absoluto. Tenía poca conversación, exceptuando algunas charlas musicales, y una rivalidad deportiva acusada que le ponía gracia a la cosa. De él conserva un llavero de la cara de su virgen y la cita que cada Semana Santa tiene con su cofradía, que nunca es en el mismo sitio. Es el único recuerdo que solo una vez al año aflora, de aquella época de sonrisas atractivas y canciones de los Depeche en el viejo arrabal de Sevilla.
Ahora se encuentran de nuevo por una de esas casualidades de la vida, no importa el lugar, el modo o la forma y retoman, como si lo hubieran preparado, una conversación que se quedó sin acabar en una parada de autobús una noche de mayo de 1990 en la que ni se subieron al autobús ni se dijeron las cosas claras. Después pasan estas cosas. Resulta que esa ironía cruel no era más que timidez y que detrás de las canciones de los Depeche solo habían ganas de permanecer junto a ella, y ella ni se lo cree ni se lo esperaba. Su sonrisa de siempre seguía intacta, y aunque estaba algo más gordo, ella aún le seguía viendo atractivo aunque no llevase el famoso chubasquero. Una sonrisa que se evaporó cuando le dijo que siempre  le había gustado muchísimo, pero que nunca se atrevió a dar el paso porque ella no mostraba ningún síntoma de interés. Y me lo creo. Y seguro que hasta le temblaron las piernas al oírlo. Quien me lo cuenta, ahora, anda con la mirada alta, pero siempre la llevó fija en el suelo víctima de una timidez absurda y un complejo de inferioridad ridículo. Y resulta que ahora quiere invitarla a tomar un café, porque se ha quedado de piedra al ver lo bien que le han sentado los veinte años que hacía que no la veía. Y yo, conociéndola, sé que no irá a por ese café...  ¿ o sí? quién sabe, la gente cambia mucho en veinte años....

Tanto tiempo tuvo que pasar, 
tanto tiempo sin saber que era de tí.
Y ahora que feliz estaba yo
tú te acuerdas de mí.
Vuelves diciendo
qué pudo ocurrir
como buscando tu orilla en mi lago 
si la puedes ver
tú si la puedes ver
de despedida.
Tanto tiempo tuvo que pasar
tanto tiempo sin saber que era de tí.
Y ahora que feliz estaba yo
tú te acuerdas de mí

(Triana, Corre.)





sábado, 5 de mayo de 2012

Observar

 
Dice alguien a quien estimo mucho sin conocerle personalmente, tras colgar esta foto en el facebook precisamente para ilustrar tan enriquecedor momento, que dada mi afición a la escritura, he de aprovechar los recursos que me ofrece mi afición casi obsesiva por observar a los demás y así, soltar a volar la imaginación. Y la verdad, es algo que hago a menudo y de una manera placentera. Suelo ser puntual a mis citas, incluso llego con la suficiente antelación como para poder poner en práctica durante unos minutos mi ejercicio preferido, observar sin ser vista; no al estilo de la vieja'l visillo, sino desde un lugar estratégico donde miro sin ser vista. 
En este caso, quince minutos sentada en ese graderío de la ciudad que las Setas nos regala, lugar en el que cada vez me gusta más estar, por cierto, me proporcionaban la oportunidad de observar a todo aquel que pasara por delante. Tras de mi, una pareja se abrazaba románticamente ajena a la mirada desgraciadamente todavía extrañada de aquellos que escaleras arriba, se topaban con esa escena de amor. Para la modernez de las setas no estamos preparados, dicen, pero ni tampoco para respetar el amor sin diferencias de sexo. Por lo demás, Antonio Vega ponía la sonoridad a ese momento, en mis indispensables auriculares, mientras pensaba dónde iría la chica de los vaqueros, qué fotografiaría aquella pareja, dónde iría el señor de los brazos a la espalda y cara de despiste y sobre todo, de qué hablarían esas cuatro mujeres que estaban justo debajo mía. Antes, un niño comía un helado escaleras arribas, de esa moderna heladería de escaleras abajo que por tres euros con cincuenta te ofrecen otra modernez de helado con "toppics" o algo parecido, y su madre, vestida al estilo árabe, le decía algo que parecía una bronca al estilo árabe, escaleras arriba.
Los enamorados seguían acurrucados, Antonio Vega cantaba "El sitio de mi recreo" y mi cita, desgraciadamente, llegaba puntual, obligándome a posponer los desenlaces y las conclusiones, y levantarme de mi moderno y particular sitio de mi recreo, el cual parece haberse convertido en la perfecta atalaya para ver sin ser visto, si así lo quieres. 
(Para Luis, con cariño). 

viernes, 27 de abril de 2012

Vientos del Sur


Había que poner muchas cosas en orden. Su aspiración universitaria pendía de un hilo y eso había sido un duro varapalo a su ilusión. Nunca la perdía por nada, pero como decía su padre espiritual musical, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. No bajaría la guardia, seguiría intentándolo, pero desde luego, era complicado remontar ese vuelo. El corazón había dejado de bombear en la sístole y la diástole de las ilusiones que se desean con pasión. Y hablando de pasión, y de vuelo, había aprendido a volar una cometa que llevaba colgando corazones, pensamientos, sinrazones y un ramillete de canciones de las que se cosen al forro del alma. Una cometa que a cielo abierto, se enfrentaba con la libertad que dan los sueños, pero que tarde o temprano, tendría que recoger carrete. Lo que no puede ser, no puede ser, y podría ser que saliese disparada ella misma agarrada a la cuerda y perdiéndose por el infinito, pero... ¡era tan maravilloso sentir ese viento en la cara!. Incluso ni siquiera le importaba esa circunstancia. Venían vientos del sur que como cantaba Jesús de la Rosa, le traen su propia voz cada vez que piensa, en lo que piense, y que anunciaban turbulencias personales de esas que envuelven la desagradable sensación de sentirse atrapada. Necesitaba poner orden en esa cabeza que tantas cosas tiene por dentro y en ese cuore que solo sabe latir apasionadamente por cualquier cosa. Necesitaba respirar. Sólo quería libertad, de sentir, de pensar, de caminar, de hablar y de ser ella misma, y no sentir la sensación de quien da un paso y alguien va detrás contándolos. A veces rozaba el polvo de estrellas con las yemas de los dedos, y otras, buceaba en lo más profundo de un mar imaginado, donde solo se bañan sus pensamientos. Y precisamente allí acudía, al mar, el único en estos momentos capaz de darle lo que necesitaba, libertad para volar una cometa y sobre todo, para solo oírse a ella misma en esa voz que solo trae el viento del sur.

domingo, 22 de abril de 2012

El rinconcito del Underground sevillano

Llegué sabiendo que tenía que volver más a menudo. Hay lugares en Sevilla que te reencuentran con la esencia de tu propia ciudad, y en el Parque de María Luisa existe uno de ellos. La excusa de acortar el camino adentrándome por sus calles, me pareció un auténtico regalo. Dos o tres personas, algunas corriendo, otras paseando y otras trabajando, alteraban mi pensamiento. Un magnolio, muy Cernudiano, me indicaba que el lugar que buscaba andaba cerca, y además, una maravillosa luminosa mañana de abril le ponía el decorado perfecto. Y allí me senté perdiendo la noción del tiempo mientras me acordaba de los que deberían estar y de los que estuvieron. El underground sevillano se reunía en el mismo sitio para cambiar la sonoridad de esta ciudad, y soñar con nuevas oportunidades que los aires de libertad empezaban a mostrar. Quizás ese espíritu se haya quedado en ese estanque camuflado entre los lotos. Sentada en el banco de ladrillo me acordé de alguien sobre todos los demás, y así se lo comunicó mi corazón. Hay lugares para sentir y compartir, como es este rinconcito donde el rock andaluz se forjaba. Y me marché sin más remedio, pero sabiendo que tenía que volver más a menudo.

domingo, 8 de abril de 2012

Conversaciones robadas

Juró que nunca más volvería a escuchar esa voz que llenaba páginas en blanco, ya le dolía oír esas canciones. Por esos nuncas y jamases, le había dado una oportunidad e incluso había conseguido despertar la chispa con la magia de su música. Era un medio de comunicación con ella. Para él, cada canción, cada letra, cada nota, llevaba el recuerdo de aquello que nunca llegó a ser nada, y que tanto le estaba costando asumir que había llegado a su fin. Dejó de recibir su aliento de palabras al otro lado del teléfono de buenas a primeras y su luz, esa que llevamos dentro, se apagó dejándole la oscuridad del beso de su voz en el alma. Creyó que su mundo acababa de desmontarse como un lego, como tantas veces se lo había desmontado ella con sus ojos verdes rodeados de pecas. No podía ser, y no se resignaba. Una vez que se es feliz soñando con alguien es muy difícil convencerse de que lo contrario es lo correcto. Eso era lo que más le dolía, tener que olvidar esa dulzura que tiene la felicidad efímera y la ilusión llena de mariposas. Ahora se acordaba de aquella historia, y resulta que la vida le había dado una tregua, igual que a Martín Santomé. ¡qué cosas!.

viernes, 6 de abril de 2012

Cinco mariquillas

Tenía interés en comprobarlo por si mismo, y pese a mi oposición, dada la hora y el frío, no pude contrariarle en su deseo de verla. La esquina de Alemanes nos esperaba para tan esperado momento. Lo sería para él y lo sería para mi por descubrirle la majestuosidad de la que lleva a toda la ciudad bajo sus paso de palio. A los que están y a los que se marcharon. Los ciriales advertían de la inminente llegada con la algarabia que anuncia su presencia y el resto, ocurrió como tenía que pasar. Llegaba el paso, allí estaba Ella, tan guapa, tan Ella, y mi niño, con los ojos abiertos, y la emoción en la cara, supo que la Semana Santa sevillana se le estaba colando minuciosamente a través de su mirada de niño. Se le estaba grabando en la memoria la imagen de la esencia de Sevilla. Su levantá tantas veces descrita por mi, su marcha, una de tantas que llevan su nombre, la emoción generalizada y una puntual petalada hicieron el resto. No le hizo falta preguntar, siempre suele hacerlo cada vez que vemos alguna cofradía. Ella tiene todas las respuestas. Se limitó a observar, a sentir y a vivir una experiencia única. Sólo le dije que nunca olvidara ese momento, que ya para siempre llevaría cinco mariquillas en su corazón. Y en su mirada.

viernes, 30 de marzo de 2012

Kilómetro cero

No será esta una Semana Santa como las otras. Debe salir el sol muy fuerte el Domingo de Ramos para que me espabile. La montaña rusa que hay dentro de mi, me tiene en un constante estado indefinible no apto para acometer a mi sensible corazón, todo un bombardeo de sentimientos en tropel como los que se avecinan. Mi esquina de Cortefiel, como siempre; sus ojos, sus manos, su marcha y mi infancia. Mi arteria, Santa Catalina, mi cofradía, mi kilómetro cero pasional. La vuelta de Hernando Colón de la Virgen del Museo, Las Penas... mi Macarena. Este año todo será diferente, mi mente anda de azotea en azotea buscando dónde quedarse, y la soñadora incontrolable que soy, aunque volverá a vivir sus particulares siete días en la gloria, sabe que cualquier excusa será aceptada cuando escuche los primeros compases de "Macarena" de Cebrián y no pueda controlar sus impulsos lacrimales. Cosas mías.

viernes, 23 de marzo de 2012

Manos y carbón

Solía fijarse en las manos de los hombres inconscientemente. Desde siempre. Pensaba que ahí radicaba la verdadera masculinidad. Para otras, estaba en los ojos, el pelo, la sonrisa, e incluso los zapatos.

Miraba sus manos grandes, rudas, trabajadas y curtidas sin que nadie se percatase y la transportaban a un mundo de sensaciones que hacía mucho que nadie la llevaba. Manos negras, como el carbón de la mina de su lapicero, con el que soñaba sobre el papel, y que hacía que las palabras revolotearan para salir en tropel a la blancura del papel. Diamantes de carbón, como canta MClan.

Sabe que tocar esas manos será algo que jamás ocurrirá, como una utopía, pero que al menos, será paliado con la inmensa satisfacción de bucear por sus ojos, sin que nadie note nada.